miércoles, diciembre 19

Una nueva lección de vida

Son en los lugares más recónditos en donde nuestra imaginación y nuestro sentir se exacerba y el sentimiento cada vez es más profundo, escribo lo siguiente a razón de la caída en cama de mi papá a razón de una falla renal, misma que desencadenó en el proceso de diálisis; lo cual he llevado a que pase mucho más tiempo del deseado en hospitales. Es en esos lugares donde nuestros sentidos de agudizan realmente a la fragilidad de nuestra especie, donde cada vez que vemos abrirse una puerta o acercarse a alguien esperamos ver una cara amigable, pues florece momento a momento nuestra empatía, un lugar que para nuestro habituado mirar es de lo más normal, pero al cuidar el recorrido visual puede uno estar consciente que son de lo más especial de nuestra sociedad, templos de la salud, cunas de la esterilidad eternos veladores de la asepsia.

Es por demás que uno intente poner buena cara en esos lugares, como también es imposible ignorar los rostros dolientes de las personas que padecen por otro cuyo dolor puede ser incurable, tantas buenas intenciones y tantos anhelos que de vez en cuando pueden ser solucionados.

Como parte del ritual analítico y lógico que llevo a cabo día con día como parte de mi habitual modo de vida, hoy he caído en cuenta que estar en esos lugares o mejor dicho, la sobreexposición a los ya mencionados, lo sensibiliza a uno como pocas experiencias pueden hacerlo, se está en un contacto tan cercano con la muerte y con el dolor de los demás; lo cual ocasiona en algunos una sensibilidad máxima o una insensibilidad cotidiana. Espero todo salga bien y las cosas marchen como deban de marchar.

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