domingo, enero 13

Reflexión Dominical

No es novedad que comúnmente sienta que no encajo en tal o cual parte, digo, no soy alguien que batalle para socializar, pero seamos realistas tampoco soy la señorita popularidad.

Últimamente se me ha dificultado el encajar o más que nada estar contento con tal o cual tipo de gente, con la que usualmente yo estaría agusto, con gente que tiene mucho en común conmigo y a quienes llevo años de conocer, solo que en ocasiones mi estado de ánimo suele ser tan determinante que no permite ninguna falla dentro del esquema de "amigo" o "acompañante", que, al tener cualquier desajuste o discrepancia con el concepto tiñe el rato de amargo.

Consciente de esto he hecho un sinfín de análisis a mi persona, sé que estoy mal, que no debo ser así, pero hay cosas que uno no puede cambiar por más que intente, son cuestiones tan arraigadas; y esto tiene su origen en esa fase tan soledosa de mi niñez en la que mi dificultad para entender los problemas familiares me hicieron aislarme de todo el mundo. No sé será que tiendo con gran facilidad a idealizar a los amigos, parejas, familia y demás, y cuando no sucede como uno espera, se torna frustrante en emorme grado. Siempre pensé desde niño ilusamente, que existiría para mi una pareja ideal, un amigo incondicional que entiedera lo que me pasaba, que mi familia sería de tal o cual modo, y hoy a mis 25 años puedo decir abiertamente que nada de eso ha llegado y creo que poco a poco pierdo mis esperanzas de encontrar algo así. Solo han sido fugaces momentos en que me puedo identificar con ciertas personas que comparten algunas preferencias o gustos conmigo, pero hasta ahí, o será que en cada etapa de mi vida, voy adelante o atrás de los demás y cuando yo quiero o necesito hacer algo los demás no han llegado, no les interesa o de plano ya pasaron por ahí.

Es indignante, y en cierto punto desesperanzador. En uno de esos severos análisis caí en cuenta de algunas cosas, entre ellas una, mi formación se ha partido en dos; una de ellas la formación y las manías, costumbres y demás cuestiones ocasionadas por mi mamá, la otra por la parte de mi papá. En el primer caso, una persona con un corazón inmenso que no ha sabido guardar rencor a la gente que le hace daño, que tiene en cierto sentido sus esquemas cristalizados, pero que poco a poco se ha adaptado al cambo. De ella guardo esa preferencia y esperanza por las cosas bellas, porque al final del camino las cosas marchen como deben, porque haya en esta vida alguien para mi, ESA ESPERANZA POR UN FINAL FELIZ, ella siempre lo ha esperado y aunque no sea uno convencional las cosas no le han pagado del todo mal.

La otra parte, es una persona aún más cerrada y hermética, mi papá nace en la primera mitad del siglo bajo un hogar tradicional mexicano, donde nunca sería posible expresar ninguna emoción, incluso dentro de las cosas que he podido escuchar en sus historias, ellos vivieron aquellos memorables tiempos en donde todo lo que uno quisiera comer debía de cosecharlo, y para ir por agua era una travesía. De el guardo ese rigor para ciertas cosas y ese amor por el trabajo, así como esa parte de mi caracter que no me gusta del todo.

Este tipo de bifurcación han hecho que constantemente se me dificulten muchas cosas, y se me faciliten otras tantas, la verdad no se, es a lo único que me puedo limitar, y no entiendo a donde lleve el conocerlo o el poder usarlo a mi favor. Me encuentro en un momento de mi vida, en que mi carrera profesional va por muy buen camino, tengo cosas que nunca pensé llegar a tener, pero aún así me siento como en un círculo vicioso y no logró salir de él
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