domingo, enero 20

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Cómo veo las cosas hoy en día es muy distinto a como solía verlas hace, digamos, incluso unos meses, pues poco a poco mi perspectiva ha cambiado a algo más dinámico, y he perdido un poco más del miedo a las cosas que no conozco y que normalmente me asustarían un poco.

Desde luego como parte de ese miedo a algunas cosas, estoy consciente que hay otras cosas que no debe uno nunca tomarlas a las ligera, pero aún así siento que el cambio era algo necesario y sobre todo que en un tiempo fue paralizado por causas externas. Lo que rescato de estos pensamientos es que sigo estando partido en dos, una parte de mi clama por esa soledad ese antisocialismo, un encumbrado en si mismo, huraño y gustoso de sus cosas y su espacio. Por otra parte, existe en mi otra parte que adora convivir con las personas, interactuar, tanto es el caso que en ocasiones al leer de filosofía en los tiempos en que estudiaba, no lograba concentrarme si no escuchaba a la gente pasar y el ruido era como un cierto estimulante a entender mejor lo que leía.

Debido a mi situación laboral en donde la interacción con gente es inminente, y totalmente necesaria, esa segunda parte de la que hablo se ha desarrollado sobremanera y me da mucho gusto pues noto en mi nuevas maneras de reaccionar y no se si es por la etapa o por un rato pero esta fase se ha tornado un estilo de vida muy divertido y satisfactorio.

En otros temas tuve la oportunidad de ir a Alamos, este fin de semana para la inauguración del Festival Alfonso Ortíz Tirado en su 24 edición, y la verdad es que hay de tantas cosas que uno se pierde por estar en esta parte del país, ya que grandes eventos culturales no son frecuentes en esta región, ya sea porque la lejanía y los costos de traslado o cualquier otra razón; bueno, la cuestión es estuvimos en el concierto del
Tenor David Lomelí, un joven talento mexicano que gustoso por volver a su tierra nos deleitó con un repertorio de los más interesantes. Sin embargo, lo que más me impresionó de dicho concierto no fue el tenor, si no más bien una soprano invitada que interpretó una pieza de una manera sumamente atrayente, por diversas razones. Antes que nada, dominaba su técnica a la perfección, y en las notas más altas no dejaba su pose, y sobre toso eso, fue lo que me cautivó, además de ser una persona estéticamente agradable, la manera en que gesticulaba y se movía era como un sutil coqueteo. Muy bueno.

Lo que ha hecho famoso al festival, son las callejoneadas con la estudiantina local, en donde mediante alegres cantos y el famoso "burrito" que no es sino un animal que es jalado por un señor y con ánforas de vino va dotando a la población de bebida espirituosa, o sease VINO, jaja. De esta manera uno va con la estudiantina recordando viejos tiempos en que los romances y coqueteos eran más una ceremonia que un mero acto. Posteriormente un concierto de dos bateristas quienes montados en unas mega baterías hicieron un buen show percusivo. El regreso super bien en camión ya con unas cuantas copitas encima pero todo super bien.

En otro tema, un poco de estres por algunos pendientes, y nuevos proyectos en mira, por fin entré al mundo globalizado y me compré un cell bonito. TODO BIEN...

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