miércoles, agosto 22

Sin título

Será que hoy a razón de un poco de estrés cotidiano debido en parte al cúmulo de actividades que se avecina he tenido un chispazo de genialidad o bien, las musas han tenido la sana intención de visitarme por un corto período. Hoy sin querer caí en cuenta que una de las razones por las que nunca he encajado en la sociedad en la que participo activamente, es porque carezco en gran medida de esa necesidad de jalar a quien podría subir por encima de mi. Es decir, nunca he sentido la necesidad de inventar un chisme de alguien que puede ser mejor que yo, o que en cierta medida puede tener o aspirar a mejores cosas que yo, nunca he sentido la necesidad meterle el pie para hacerlo tropezar, nunca he sentido la palpitante necesidad de disgregar en vez de conciliar. Claro, no soy un Gandhi contemporáneo, ni la reeencarnación de cualquier deidad ascética que solo pretende dar amor y paz al mundo, soy una persona; que debido a un gran encierro de niño, no tuvo la posibilidad de adquirir una gran cantidad de males, que cuando la vida te hace malas pasadas obtienes, de una o de otra manera.

Lo triste, es que la sociedad funciona de esa manera, cuando más separados estemos más fácilmente la maquinaria impositiva puede jugar con nuestras voluntades, cuanto más ajenos nos sintamos los unos de los otros, esos falsos profetas pueden vendernos su plástica salvación y alienarnos por completo, pues bien, llegará el día en que no nos reconozcamos las caras, ni sintamos que otra persona por el simple hecho de existir sea nuestro igual. Llegará el día en que la sola idea de saludarnos sea por demás grotesca y lascerante para nuestro código de interacción, creo que el percatarme del cómo cada día somos más blandos, más maleables, más fácilmente manipulables, y cómo nos están apuñalando y ni siquiera metemos, las manos; me está volviendo alguien distinto a ellos, pero igual, con distintos espasmos y destellos, pero a fin de cuentas lo mismo, un ente que recibe, procesa y expulsa respuestas. No tengo nada en contra de esos estímulos naturales, son los estímulos que intentan manipularme los que me hacen sentir la fuerte indignación y ese dolor de estómago que nace desde la boca y sube como hiel a mi paladar, y me hace gritar cada vez más fuerte "REVOLUCIÓN" "LUCHA" "EXPRESIÓN" "COMUNICACIÓN" "NO A LA INDIFERENCIA" "SI A LA CONCILIACIÓN", sin temor a ser un falso propagandista, lo único que pido es que despertemos de este letargo en que nos han querido dejar y vivamos como debe ser; conscientes a todo momento de la vida tal cual nos rodea.

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